Recordando a nuestra querida hermana Carmen Daumes
- Iglesia Cristiana Evangelica Tandil

- hace 3 días
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El pasado domingo 10 de mayo de 2026, partió a la presencia del Señor, nuestra querida hermana Carmen Daumes vda. de Sosa. Nuestra hermana tenía 93 años y hacía unos años que ya no asistía a la casa del Señor por razones de salud. Ella fue junto a su esposo, Hilario Sosa, una de las hermanas fundadoras de nuestra congregación de la Iglesia Cristiana Evangélica en Tandil, hace 40 años aproximadamente.
Sus dos hermanas ya con el Señor, también la acompañaron durante unos años asistiendo con gozo a las reuniones y hoy su hermana menor, Teresa, sigue asistiendo a las reuniones del anexo en el barrio de Villa Aguirre de nuestra ciudad.
A pesar de las dificultades en el físico y el desgaste natural de la edad, como dice la Palabra, en 2da. Corintios 4:16 “Por tanto, no desmayamos: antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior empero se renueva de día en día.” Así sucedía con nuestra amada hermana, porque cada vez que la íbamos a visitar a su pequeña casa, donde vivía muy cuidada por su familia que estaba adelante, a pesar de sus achaques, ella siempre nos era de bendición a nosotros compartiendo sus experiencias de fe que tenía con el Señor a solas en su hogar.
Una de las últimas veces que la pudimos ver, ella nos dijo lo siguiente: -“Acá estoy queridos… yo no estoy mal, yo estoy bien, yo digo: ya me toca, ya pronto llegará ese momento, acá esperando que Él me lleve…Yo ya estoy vieja, y sé que en cualquier momento me lleva con Él, y sé que acá van a llorar cuando yo parta, pero yo voy a estar con el Señor, y eso es lo que a mí me alegra el corazón.” - En otra oportunidad nos dijo que ella siempre que se despertaba abría los ojos y le decía al Señor, gracias por un día más de vida que me regalas, y al terminar el día, a la noche le decía al Señor: te pido por el descanso que me vas a dar hoy y tal vez sea un descanso para siempre ….y lo decía sonriendo, haciendo alusión a que sabía que por su avanzada edad, pronto iría al encuentro con Su amado Salvador.
En una de las visitas que le hicimos, Carmencita, nos decía que se olvidaba de las cosas y que al ratito volvía a recordarlas y entonces le dijimos que eso era normal de la edad pero que lo importante era que ella tenía al Espíritu Santo que le recordaba todas las cosas y en especial que no se olvidaba del Señor, a lo que respondió con total seguridad: ¡Qué me voy a olvidar! Él es el que me ayuda todos los días! Él es todo para mí, yo vivo porque Él está dentro mío, nunca me olvido del Señor, aunque yo no pueda ir a la iglesia ni leer la Biblia, yo oro y pienso en mi Señor.”
Ese era su testimonio, un ejemplo de fe, paz y confianza producto de esa comunión íntima que ella tenía con Su Salvador. Siempre preguntaba si su hermana Teresa seguía concurriendo a las reuniones de la iglesia, y la última vez cuando le respondimos que sí, que cada martes nos acompañaba con alegría en el culto de oración, se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo -gracias a Dios, gracias Señor!-. Siempre se preocupaba por su familia, oraba por cada uno y preguntaba recordando con cariño a los hermanos de la iglesia.
En la cabecera de su cama, tenía un texto bíblico, en un cuadro que le regalamos para su cumpleaños hace varios años atrás que decía así: “...Y como tus días tu fortaleza”. Deuteronomio 33:25. Así era nuestra hermana, tenía fortaleza que venía de Cristo, de Aquél que la amó con amor eterno, que la salvó y la condujo durante sus 93 años años hasta que la llamó con Él. Dios le regaló muchos años, y mucha fortaleza espiritual que también alcanzaba a todo aquél que la rodeaba o visitaba.
El Señor puede llamarnos a Su Presencia a cualquier edad, o puede venir en cualquier momento a buscar a Su Iglesia, y frente a esta realidad,¿cómo nos encontrará a cada uno de nosotros? ¿Estaremos esperándolo como lo hacía nuestra querida hermana Carmen? Que nos encuentre fieles porque no sabemos el día ni la hora y que se nos pueda recordar de esta manera, como lo hacemos hoy con nuestra amada hermana. Que así sea.
“Velad pues, porque no sabéis á qué hora ha de venir vuestro Señor. Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese á cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis. ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su familia para que les dé alimento á tiempo? Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su señor viniere, le hallare haciendo así. “ Mateo 24:42-46
Celeste Gurtubay y David De Nardo
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