40° Aniversario del inicio de las Reuniones de Jóvenes en la Iglesia Cristiana Evangélica en Tandil - 6/9/26


Nuestra congregación celebra que un sábado 6 de Septiembre del año 1986 se dio inicio a una etapa fundamental en la vida de los adolescentes y jóvenes que asistían a la Iglesia en Tandil en ese tiempo y que perduró durante estos 40 años, por la sola ayuda del Señor. Se comenzaron las REUNIONES DE JÓVENES. Al principio se hacían cada quince días, luego de la Escuelita de Niños. Pero pronto se comenzaron a realizar cada sábado, ya que eran muy esperadas y amadas por los asistentes.
Decimos que fueron fundamentales porque las Reuniones de Jóvenes marcaron la vida de los jóvenes y adolescentes de aquella época, (y de muchos los que se fueron agregando con el correr de estos años), porque fue allí donde aprendieron a hacerse amigos cristianos, a pasar un tiempo de sano entretenimiento, pero sobre todo, muchos de ellos conocieron a Jesús como Salvador personal mientras formaban parte de este grupo. Otro gran porcentaje de ellos aprendieron a vivir esa vida cristiana que ahora tenían al aceptar a Cristo y descubrieron la maravilla que es andar en los Caminos del Señor, manteniéndose en ellos desde que ingresaron por primera vez.
Aquellos que fuimos bendecidos con estas Reuniones, queremos alabar a Dios por haber guiado a la Iglesia en el sentir de instruir a sus niños y jóvenes en la carrera, con la certeza que, aun cuando fuere viejo no se apartarán de ella (Proverbios 22:6) También recordamos a nuestros mayores que nos “…hablaron la palabra de Dios…” (Hebreos 13:7) y se ocuparon con esfuerzo de preparar cada mensaje, cada actividad, cada Ateneo. Que tuvieron paciencia de nuestras ingratitudes, nuestras caídas, nuestras rebeldías, mostrándonos el Amor del Señor y buenos ejemplos. Ellos fueron el Pastor Alfredo De Nardo y su esposa Edith Marino, los “abuelos” Wilfredo Ciliberti y Dolly y la hermana Normita Miquelarena, entre otros. También recordamos al Pastor Humberto Sardá y su esposa Mirtha Marino que, durante una década, prepararon con tanto esfuerzo y dedicación los campamentos en la localidad de María Ignacia – Vela para bendición del grupo juvenil de Tandil.
En este punto, luego de haber visto los frutos y bendiciones recibidos, afirmamos con total certeza que esta ha sido la obra de Dios en medio nuestro. Y deseamos que se sigan haciendo estos encuentros, que la Iglesia ore por ellos y por cada uno de los jóvenes y los instructores que se ocupan de esta bendita tarea.
Para los lectores que tal vez no conocen qué se hace en las Reuniones de Jóvenes de esta Iglesia, les contaremos en este artículo y nos tomaremos un tiempo, además, para preguntarnos: ¿Menciona Dios en la Biblia el término “reunión de jóvenes”? ¿Dios desea que hagamos este tipo de reuniones?
Leyendo el pasaje de Jeremías 6: 6 al 19, vemos que en el verso 11 dice Dios: “Por tanto estoy lleno de saña de Jehová, trabajado he por contenerme; derramaréla sobre los niños en la calle, y sobre la reunión de los jóvenes juntamente; porque el marido también será preso con la mujer, el viejo con el lleno de días.”
Vemos a jóvenes reunidos, pero no precisamente para hacer lo que Dios quiere. Vemos a Dios mirando desde los Cielos, enojado por lo que hacen los niños, los jóvenes, los hombres y las mujeres en general. Buscando hablarles, pero ellos no escuchan ni quieren escuchar. (v.10)
Hoy, como en aquel tiempo, los jóvenes también se siguen reuniendo. Se juntan en las Escuelas, porque es una obligación. Y allí su comportamiento es bastante malo. La mayoría no quiere estudiar y sólo va a molestar o a pasar el tiempo. Se juntan en multitudes, también, para “divertirse”, en lugares bailables, cervecerías, recitales. Se juntan en pequeños grupos, en las casas, para hacer “las previas” de sus salidas, a tomar alcohol, usar el teléfono y tener todo tipo de vicios.
En esos lugares Dios no les puede hablar, porque, como dice el verso 10: “…He aquí que sus orejas son incircuncisas, y no pueden escuchar…” La dureza de corazón se lo impide. El mismo ruido de la música fuerte los aturde y el uso de alcohol y otras drogas no los deja pensar con claridad. Por eso Dios clama “¿A quién tengo de hablar y amonestar, para que oigan?...”
Y es allí, entonces, que aparecen las Reuniones de Jóvenes en las Iglesias. Como un espacio especialmente pensado para que se junten los jóvenes y adolescentes, pero con el objetivo de ESCUCHAR A DIOS, entre otros santos propósitos.
Dios desea que se hagan este tipo de Reuniones. Lo decimos con seguridad. En el mismo pasaje de Jeremías vemos el clamor de Dios por encontrar corazones dispuestos a corregirse (v.8) ya que Dios ve la actitud de la humanidad en general: “…desde el más chico de ellos hasta el más grande de ellos, cada uno sigue la avaricia; y desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores.” (v. 13)
Por eso Dios quiere que las gentes y las familias especialmente, se reúnan y que anden en Sus caminos. Desea que se junten para oírle, para cambiar sus vidas. En Joel 2:16 los convoca y los menciona por grupos: “Reunid el pueblo, santificad la reunión, juntad los viejos, congregad los niños y los que maman: salga de su cámara el novio, y de su tálamo la novia.” (Aquí en las palabras “novio” y “novia” podemos decir que están incluidos los jóvenes, que es la edad del noviazgo y el comienzo del matrimonio.) No es una reunión cualquiera. Debe ser UNA REUNIÓN SANTIFICADA.
Quiere que los mayores enseñen a las siguientes generaciones las maravillas que hizo con ellos el Señor (Deuteronomio 4:7 a 9; 6:3 a 7; Salmo 78:4 a 7)
¿Qué se hace en la Reuniones de Jóvenes de la Iglesia?
1) Cantamos juntos:
En el Salmo 148:12 y 13 Dios manda que “Los mancebos y también las doncellas; los viejos y los niños, Alaben el nombre de Jehová, porque sólo su nombre es elevado; su gloria es sobre tierra y cielos.” Por eso, en estas reuniones, dedicamos un tiempo considerable a la alabanza, en el que le damos gracias a Dios por Su Amor, lo reconocemos, lo glorificamos, lo alabamos (Salmo 100) y también nos edificamos con salmos, himnos y canción es espirituales que tienen letras inspiradas por el Espíritu Santo. Estas melodías nos animan en momentos tristes, o nos recuerdan la Palabra de Dios. Así se cumple la exhortación de que “La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor.” (Colosenses 3:16)
2) Oramos juntos:
Como lo hizo la Iglesia del primer siglo, intercediendo a favor del apóstol Pedro (Hechos 12: 5 y 12). Del mismo modo los jóvenes tienen sus momentos de oración o comparten sus necesidades para orar los unos por los otros, sintiéndose acompañados fraternalmente, ayudándose con oración, como dijo el apóstol Pablo: “Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por la merced hecha á nos por respeto de muchos, por muchos sean hechas gracias por nosotros.” (2 Corintios 1:11)
3) Leemos juntos:
Como vemos que hizo el pueblo de Dios, en el pasaje de Nehemías 8. Se juntaron “como un solo hombre” (v.1) y pidieron a los que los guiaban que trajesen el Libro de la Ley. Pusieron el sentido para entender las Escrituras (v.8) y estuvieron muy atentos (v.5) Tenían hermanos dotados por Dios para hacer entender al pueblo (v.7 y 9) Y el resultado fue que se fueron llenos de “…de grande alegría, porque habían entendido las palabras que les habían enseñado.” (v. 12)
4) Estamos juntos:
Dios ama que Su pueblo esté unido, como Él lo está con el Padre. Quiere que seamos “una cosa”. (Juan 17: 21) De esa manera otros van a creer en el Señor Jesucristo y van a saber que nos ha amado (v. 23).
Además, nos acompañaremos y ayudaremos al caminar por esta vida. “Compañero soy yo de todos los que te temieren y guardaren tus mandamientos.” “Tórnense á mí los que te temen y conocen tus testimonios.” (Salmo 119:63 y 79) El salmista gustaba de acompañarse con aquellos que tenían el mismo Señor y Padre y que conocían y guardaban Sus mandamientos. En cambio aborrecía la reunión de los malignos y juntarse con los impíos (Salmo 26:5)
Así como él expresó en ese Salmo y oraba por cumplirlo, así también nosotros digamos con firmeza:
“Jehová, la habitación de tu casa he amado, y el lugar del tabernáculo de tu gloria. No juntes con los pecadores mi alma, ni con los hombres de sangres mi vida.” (v. 8 y 9)
Volviendo al pasaje inicial de Jeremías 6, finalizamos con el pedido amoroso del Señor:
“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. ”
Que no actuemos como lo hizo el pueblo, sino que, con corazón dócil respondamos a su voz que nos invita a reunirnos para oírle y para andar en Sus Caminos para Su Gloria y nuestro bien. Amén.
La Redacción




