Sobre Los Magos de Oriente…
- Iglesia Cristiana Evangelica Tandil

- 23 dic
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Uno de los pasajes del Nuevo Testamento en el que se nos relata el nacimiento del Niño Jesús, es en el libro de San Mateo y en el único de los Evangelios que nos habla de los magos de Oriente. Se cree también que, estos podían ser astrónomos o sacerdotes, eran personas importantes que, habiendo leído las Sagradas Escrituras, conocieron la profecía (Miqueas 5:2) en la que se anunciaba el lugar del nacimiento del Señor Jesús. Es por ello que no tardaron en allegarse hasta Jerusalem y luego hasta la ciudad de Belén. Habían estado estudiando, acerca del aparecimiento de una estrella, mencionada en el Antiguo Testamento (Números 24: 17) y estaban atentos a la aparición de esta. Cuando llegaron al lugar, buscaron al rey Herodes y le preguntaron: “¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? Y oyendo esto el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalem con él.” (verso 2 y 3)
Vemos la actitud y obra de amor que tuvieron estos Magos al venir de lejos, con los pocos medios de transporte que había para la época. No se mencionan sus nombres, pero si quedó registrado en La Biblia, su destacable manera de conducirse, para ejemplo de todos hoy.
Por estas fechas, generalmente estamos corriendo, con muchas ocupaciones y actividades, con cierres del año, preparativos para las fiestas y olvidamos que el Señor desea que hagamos todo con reposo y con el recogimiento que merecen estas fechas (1Tesalonicenses 4:11). Es necesario entonces que meditemos en Su Palabra, confiemos en Sus promesas y las esperemos como hacían estos magos, que atentos a ellas, no se perdieron semejante acontecimiento sobrenatural y transcendental; como lo era este Nacimiento.
Dice el verso 10, de este capítulo 2:
“Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.”
¡Que alegría! Ellos estaban tratando de ubicar el lugar exacto, donde estaba el niño y sucede que la estrella se detiene justo en casa de María y José (verso 11)
Dios también nos quiere dar este tipo de gozo. Para ello debemos creer primeramente en El Hijo de Dios que vino a este mundo y reconocerle como verdadero Dios y Salvador, yendo a Su encuentro una vez en oración.
“Y entrando en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso y mirra.”
Los regalos que le llevaron fueron muy particulares: el oro es un metal precioso, símbolo de la divinidad, realeza y poder, digno regalo de un Rey. El incienso, es una resina aromática, usada en rituales religiosos, para adorar a Dios, reconociendo así la naturaleza divina de Jesús. Y la mirra, es una especia amarga usada en ese tiempo para ungir a los cuerpos muertos, simbolizando así, el sacrificio que El Señor Jesús iba hacer por la humanidad.
Que como ellos, así también nos humillemos y abramos “nuestro tesoro”… ¿qué es aquello que más amamos, cuidamos, y valoramos? ¿No es nuestro corazón, alma pensamiento y fuerzas? Rindámoslo al Señor Jesús, ahora en oración a los pies del Salvador y presentémosle un corazón contrito y arrepentido por el pecado, el cual no despreciará Dios (Salmo 51: 17).
“Los reyes de Tharsis y de las islas traerán presentes: Los reyes de Sheba y de Seba ofrecerán dones. Y arrodillarse han a él todos los reyes; Le servirán todas las gentes. Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, Y salvará las almas de los pobres.” Salmo 72: 10 a 13
Si nos hemos reconocido pobres ante Dios, que le necesitamos, entonces hemos sentido la misericordia, es decir ese amor inmerecido de Dios, para con nuestras vidas, que se manifestó dándonos a su Único Hijo, para entregarlo por nosotros en la Cruz y así salvarnos eternamente. Por todo ello querremos adorarle como dice este Salmo, esta canción de alabanza:
“Venid, adoremos y postrémonos, arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor, porque él es nuestro Dios…” Salmo 95:6
Dios el Padre me quiere encontrar en este tiempo de la Navidad, adorándole verdaderamente. (Juan 4: 23)
Que podamos discernir el tiempo de Su Segunda Venida, como lo prometió, antes de irse de esta tierra (Juan 14: 3) y veamos ya las señales cumplidas (Mateo 24) a fin de que nos apercibamos diligentemente como lo hicieron los magos, en Su primera venida. Y no nos turbemos, como el rey Herodes y toda la ciudad con él. (Lucas 21: 34 a 36)
“Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida y venga de repente sobre vosotros aquel día.” (34)
“Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando…” Lucas 12: 37
Tendremos alegría plena hoy y en Su Segunda Venida, si así lo hacemos: cuidando solícitamente Sus Palabras. Que tengamos una ¡feliz, feliz, feliz Navidad!
La Redacción




