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Juan Carlos Olivares

  • Foto del escritor: Iglesia Cristiana Evangelica Tandil
    Iglesia Cristiana Evangelica Tandil
  • 24 dic 2024
  • 4 Min. de lectura

Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.” (Ecclesiastés 7:2)


Esta es una gran sentencia bíblica, que parece contradecir nuestra realidad. Las casas velatorias no son lugares agradables de visitar. Pero en una de ellas fue que conocimos a nuestro hermano Juan Carlos. El Pastor Alfredo De Nardo coincidió con él en la despedida de un vecino y, conversando, le manifestó estar buscando congregarse en una Iglesia fiel.


No respondió inmediatamente a la invitación que le había hecho el Pastor, pero el Señor lo siguió buscando. Fue así que, concurriendo a la mueblería del hermano Diego Lamothe, recibió una nueva invitación y esta vez aceptó. Desde ese momento comenzó a congregarse con progresiva asiduidad. En su pequeña familia, se daba la inusual situación de que todos eran cristianos, pero asistían a distintas congregaciones: su esposa iba a una iglesia, su hijo, a otra, y él, a la nuestra. Desde que conoció la Iglesia del Testimonio Filadelfia, anhelaba que los tres asistieran juntos al mismo Templo. Y así fue que, con mucha oración y a través de una prueba de salud familiar, fuimos conociendo a su esposa Lucía, la cual aceptó a Cristo verdaderamente escuchando una predicación virtual en pandemia.


Durante varios años Juan Carlos estuvo participando de nuestra congregación y se fue afirmando en la fe. Ahora tenía la bendición de ser muy bien acompañado por su ayuda idónea, Lucía, quien lo animaba en todo sentido y juntos compartían el amor al Señor y el fervor creciente por Sus cosas.


Juan Carlos se bautizó en el año 2008 en una Iglesia denominacional. Pero solicitó pase y fue aceptado como miembro de la Iglesia Cristiana Evangélica en Tandil en noviembre del año 2023. Fue un hermano de gran bendición y ejemplo para nosotros. Era dulce y sereno. Cumplía las palabras de 1 Pedro 3:8, amando fraternalmente y siendo amigable. Eso era Juan, ¡un hermano amigable! Su voz pacífica era de gran aliento y alegría para todos aquellos que recibíamos sus audios oportunos, llenos de amor fraternal.


Había sentido el llamado del Señor a dedicar su vida a compartir el Evangelio con los demás. Para ello tenía la bendita costumbre de entregar tratados a las personas con las que se cruzaba. Siempre se aseguraba de llevar consigo algún folleto. Sea en su caminata cotidiana por el centro de Tandil del brazo de su amada Lucía, o cuando hacía trámites o trataba con sus clientes. Su frase de inicio para acercarse a un alma era: “Tengo buenas noticias, y son gratis”. Así presentaba el mensaje del Evangelio de la Salvación por la Obra de Cristo. Y en general, la gente lo recibía gustoso, prometiendo leerlo.


Juan Carlos era un verdadero “COLPORTOR” del Evangelio. Esta palabra define a aquellos que, especialmente en la época de la Reforma Protestante, “portaban en sus cuellos” literatura bíblica, ofreciendo folletos, libros, tratados. Exhibían la literatura en una especie de cajas de muestrario, las cuales amarraban con cuerdas a sus cuellos, a manera de vendedores ambulantes. Juan Carlos no tenía literalmente una caja colgando en su cuello, pero sí era un genuino portador de las Buenas Nuevas las cuales ponía siempre por delante de él. Donde Juan iba, llevaba como bandera el Evangelio.

Este año había manifestado querer prepararse mejor para servir al Señor, por lo que se inscribió en la Escuela Bíblica de Teología “A.L.E.R.T.A.”


Fue poco el tiempo que pudimos disfrutarlo en medio nuestro, no más de diez años. Pero su “…ejemplo ha estimulado á muchos.”  (2 Corintios 9:2) o ese es nuestro deseo que así sea en todos los que tuvimos la bendición de estar cerca, y de todos aquellos que leen esta recordación.


En estos últimos meses el Buen Señor le permitió ser probado con su salud. También en eso nos fue de gran ejemplo. Siempre estuvo confiado en cada cita médica. Se encomendaba en las Manos del Señor y hacía una oración por los médicos intervinientes antes de realizarse cada práctica. Incluso, se lo hacía saber a los profesionales: “Estuve pidiéndole a Dios por usted, para que Él lo guíe al atenderme”, decía.


En una de nuestras visitas para verlo en el hospital, llegó a decir un día: “Yo estoy de fiesta acá. Tengo mis tratados en la mesita al lado mío y reparto a todos los que se me acercan.” Decía: “Esta experiencia espiritual la necesitaba” y así, sin rebelarse, transitó estos meses difíciles. Con suma confianza y aceptación de la Voluntad del Señor partió hacia Mar del Plata para operarse en el Hospital. Le dijo a su familia antes de operarse: “Si despierto con Cristo, voy a ser muy feliz; y si despierto y estoy con ustedes, también lo seré.”


Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Mas si el vivir en la carne, esto me será para fruto de la obra, no sé entonces qué escoger:” Filipenses 1:21 y 22


Como hacía la Obra del Señor con la compasión que el Señor pide (Mateo 9:36), dejó tarea para que nosotros continuemos. A algunos hermanos les pidió que sigan hablándoles a algunas almas que él estaba “trabajando.” Esto nos estimula y constriñe a tomar la posta, ante la falta de este humilde y gran siervo del Señor.


 “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién nos irá? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame á mí.” (Isaías 6:8) 


Los amados hermanos de la Congregación en Mar del Plata, fueron una bendición de parte del Señor para ellos, porque, habiendo sido trasladado él y Lucía hacía allí, fueron ambos separados físicamente de nosotros, los hermanos de la Iglesia en Tandil. Pero Dios los proveyó y fueron “nuestros brazos” que suplieron esa falta, y abrazaron a Lucía, Juan y Brian en todo este tiempo. ¡Gloria a Dios porque se dejaron usar y fueron de aliento para nuestros amados!


Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo…” (Mar 7:37) 


La Redacción

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