Juana Velázquez Acosta de Pérez
- Iglesia Cristiana Evangelica Tandil
- 24 dic 2024
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“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmo 23:4)
Después de una corta pero dificultosa enfermedad, pasó a la presencia del Señor nuestra amada hermana Juana Velázquez Acosta, el 27 de febrero del año 2024.
Era oriunda de Uruguay y conoció al Señor través del precioso testimonio de su anciana madre, pero se consolidó en la fe asistiendo a nuestra Iglesia en Tandil.
Después de convertida, se bautizó y su hogar, en el barrio de Villa Aguirre en Tandil, se abrió durante 19 años para que se predicara el mensaje del Evangelio a niños y mayores. Allí funcionó uno de los Anexos de nuestra Iglesia, en el que muchas almas aceptaron a Cristo y gran cantidad de niños fueron instruidos en el temor del Señor.
El tan conocido Salmo 23 se cumplió en su vida: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.”.
Así vivió Juanita su enfermedad, dándonos ejemplo, sobrellevando la carga siempre con gozo. Repetía el versículo de Romanos 12: 2, diciendo que Dios le había mostrado que Su Voluntad era “…agradable y perfecta.” Y así fue que aceptó el diagnóstico de su enfermedad crónica; su quebradura y posterior operación; su delicada cirugía en la cabeza y muchas otras pruebas duras. Hoy nosotros, cada vez que leemos ese versículo de Romanos, recordamos su aceptación con gozo de los propósitos de Dios.
Dice en Deuteronomio 33:27: “El Eterno Dios es tu refugio, y acá abajo los brazos eternos...” Ella gustaba de los abrazos y decía sentirse abrazada por el Señor. Hoy Dios la está consolando y sin duda, parafraseando al Cantar de los Cantares, decimos que la izquierda del Señor está debajo de su cabeza y su derecha la abraza. (Cantares 2:6)
Recordando su sonrisa esperamos encontrarnos todos en ese amor fraterno cuando el Señor nos venga a buscar... “…y así estaremos siempre con el Señor”. (1° Tesalonicenses 4-17)
La Redacción