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Testimonio de Veronica Maldonado (La Calera)

  • Foto del escritor: Iglesia Cristiana Evangelica Tandil
    Iglesia Cristiana Evangelica Tandil
  • 1 feb
  • 4 Min. de lectura
Hermana Verónica Maldonado

Hola. Soy Vero Maldonado y les quiero contar mi testimonio, ¡mi experiencia cuando conocí al Señor!


Soy la mayor de siete hermanos, nacida en Saldungaray, un pueblito cerca de Sierras de la Ventana. Luego me crié en Tornquist con mis abuelos hasta los diez años, más o menos. Después me fui a vivir al campo con mi madre y su pareja, quien me dio el apellido. Un hombre muy bueno, recto y gran persona. Dios nos proveyó a ese padre adoptivo, que nos cuidó desde chicos.


A los dieciséis años conocí a Américo, mi esposo, y a los diecinueve años nos fuimos a vivir juntos. A los 22 años tuvimos a nuestro hijo, Kevin. Y cuando tuvo solamente unos meses, nos mudamos a un campo cerca de Barker y luego, al pueblo, de donde es mi marido.


Así fue que me fui acercando al Camino del Señor, porque mi cuñada, Mónica Quesada, asistía a la Iglesita de acá de Villa Cacique Barker y me invitó. Por lo que comencé a asistir frecuentemente desde 1996 hasta el 2003, aproximadamente. Durante todo ese tiempo ayudaba en la Escuelita Bíblica de niños que se hacía en la casa del Pastor Heraldo los días sábados. Y mi hijo fue criado en el Evangelio todo ese tiempo, concurriendo los sábados y también a la Escuelita Dominical del Templo. ¡Recuerdo que le encantaba ir, aprender lecciones de la Biblia, cantar coritos y hacer los trabajitos!


Luego me aparté y dejamos de concurrir, lamentablemente. Yo no me había dado cuenta, pero aunque había asistido durante mucho tiempo y aun colaboraba en las tareas con los niños, no había tenido la experiencia de Salvación.


Pasaron muchos años sin congregarme hasta que en el año 2020 mi hermana Beatriz se enfermó. Y después de estar dos años enferma, falleció. Entonces sentí que ya no tenía fuerzas y caí en un pozo depresivo terrible. Durante más dos años no dormía, lloraba todo el día y noche. Solo quería dormir y no despertarme más.


Fui al doctor y me medicó para poder dormir. Me recetó antidepresivos que yo no quise tomar. Me mandó al psicólogo, pero tampoco quise ir. Tenía pensamientos muy feos y luchaba como podía contra esos pensamientos.


Un día del mes de julio de 2024 salí a caminar. Yo actualmente vivo en el campo. Salí con muy pocas ganas y fuerzas, llorando. Gritando, le pedí al Señor: “Escúchame, ayúdame, no puedo más, perdóname mis pecados.” Yo sentía que Él era el Único que me podía ayudar, porque recordaba lo que había aprendido todo ese tiempo en el que fui a la iglesia. Luego volví a mi casa, me bañé y me acosté. Al otro día me sentí un poco más animada. Aunque mi conversión no había sido en ese momento, fue el inicio de mi verdadero acercamiento a Dios. Sentí algo especial que no lo podría explicar. Y allí me di cuenta que el Señor había escuchado mis ruegos y mis súplicas. Sentí Su presencia (sólo aquel que tuvo la experiencia del encuentro con el Señor, sabe lo que se siente).


Después de esto, aún seguía en depresión, con pensamientos muy feos respecto a mi vida, sin ganas de continuar. Pero algo sucedió en diciembre del 2024…


Durante todos los años que estuve lejos del Señor la hermana Mónica Ciliberti de Silva me seguía invitando, animando y orando por mí. Pero yo ponía excusas para no volver. Pero ahora era distinto, yo estaba tan mal que estaba esperando una vez más la invitación para esta vez sí asistir a la Fiesta de Navidad. Así que todos los días, cerca de las fecha de las Fiestas, miraba los estados de WhatsApp de nuestra hermana, esperando que publicara la invitación. Hasta que por fin llegó ese día. No sólo decidí ir yo, sino que también invité a familiares para que me acompañaran.


Era un 22 de diciembre. Se realizaba la Fiesta de Navidad como todos los años en la Iglesia en La Calera. Yo asistí con familiares. El pastor Juan Pablo habló sobre 2da Corintios 5:20 “…os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.” Sentí que el Señor me estaba hablando a mí. Y cuando el pastor preguntó si alguno deseaba reconciliarse con Dios, yo dije en mi corazón que sí, por eso levanté mi mano, aceptándolo como Salvador. Estoy segura que ese día el Señor me perdonó, me recibió como hija Suya, y yo lo dejé entrar en mi corazón. Justo ese día era el cumpleaños de mi hijo, por eso no me voy a olvidar de la fecha en que me convertí. Gracias a Él, por Su Amor y por Su Misericordia, hoy tengo gozo, alegría, siguiéndolo en el Camino. Leo, escucho la Palabra y pregunto lo que no entiendo, consulto y voy entendiendo. Sé que el Señor está ahora conmigo, cuidándome continuamente, desde la mañana hasta la noche, y cada día es igual.


Ahora entiendo que debía pasar esa prueba tan difícil para entregar mi corazón al Señor. Entendí que Él me eligió para que sea Su hija.


Hoy, las personas del pueblo y mi familia que me habían visto tan mal, me preguntan: “¿Qué doctor te curó? Y yo les respondo: “¡Fue el Señor Jesús, con Su misericordia y con Su Amor!”


Por eso te digo que, si todavía no aceptaste al Señor Jesús como tu Salvador, hacelo hoy! Elegí un lugar tranquilo, pedile orando que perdone tus pecados, que limpie tu corazón. Pedile al Señor Jesús que entre a tu corazón. A partir de ese momento, pasás a ser un hijo de Dios y entonces tendrás la misma esperanza que yo y que todos los que ya somos hijos de Dios.


Y díjome: Varón de deseos, no temas: paz á ti; ten buen ánimo, y aliéntate. Y hablando él conmigo cobré yo vigor, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido.” Daniel 10:19


Quiero terminar agradeciendo al Señor porque durante todo ese tiempo que pasé de depresión, Él puso cerca de mí gente buena que me animó y me sostuvo y, aunque algunos no conocen el Evangelio, me ayudaron mucho con palabras de ánimo. Quiero agradecer a mis primas Claudia y Graciela. Mis vecinas de Barker, Gladis Juárez y Carmen Eloisa, también me animaban escribiéndome mensajitos para saber cómo estaba… y toda mi familia. Especialmente me reconfortaron los abrazos mi nieta Ámbar; Olivia, Tífani, Homero y Morgan y todos los que me ayudaron. Por eso yo quiero que ellos también conozcan este hermoso camino que nos llena de gozo verdadero.



Elizabeth Verónica Maldonado (ICE en Villa Cacique, Barker) 


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