“No apaguéis el Espíritu.” (1 Tesalonicenses 5:19)
- Iglesia Cristiana Evangelica Tandil

- 1 feb
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El riesgo de “relax espiritual” en este verano
Este versículo es muy cortito, tiene cuatro palabras… ¡pero qué importantes son!!! Sobre todo en este tiempo de verano en el que se reducen necesariamente las actividades. Nos puede pasar que, coincidiendo con las vacaciones escolares, nos “relajemos espiritualmente”, nos ocupemos de pasear, de disfrutar de la pileta, de la playa, y nos olvidemos de las cosas espirituales o las descuidemos. Tal vez leamos menos la Palabra de Dios o lo hagamos en forma discontinuada o desordenada. Muchos jovencitos de la edad de nuestros lectores, tristemente dejan de asistir a las reuniones en esta época de receso.
Los temas espirituales, por ser intangibles, pueden ser difíciles de comprender. Pero si leemos en humildad Romanos 8: 1 a 16, veremos una profunda reflexión que nos puede ayudar a entender este tema.
El orden de Dios vs. el desorden del diablo
Como dice el verso 5, la carne se ocupa de las cosas de la carne, pero si vivimos conforme al Espíritu, debemos ocuparnos de las cosas del Espíritu. Lamentablemente nos engañamos a nosotros mismos, ya que pensamos que andamos bien con el Señor y, sin darnos cuenta, estamos “apagando el Espíritu Santo.”
Dios creó al hombre en forma tripartita: cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo, según los planes divinos, debía ser solamente un instrumento del alma y el espíritu humanos. Pero el Diablo, desde el principio, quiso invertir ese orden, poniendo al cuerpo y a los sentidos en primer lugar sometiendo al alma y al espíritu humanos al servicio de la carne. Por eso hoy los hombres viven sensualmente, buscando el placer. Como resultado podemos ver las más diversas aberraciones e inmundicias –que ni conviene mencionar (Efesios 5:12)- que no traen ningún fruto a los que andan en ellas, sino por el contrario, consecuencias graves y perjudiciales, que derivan en vacío y depresión, entre otras cosas. (Romanos 6:21)
Una “vuelta a lo espiritual”
En medio de este materialismo y consumismo, para sorpresa de muchos, actualmente oímos que “hay un retorno a lo espiritual”. Muchos famosos y personalidades destacadas se manifiestan en esa búsqueda. Esto nos habla de que el hombre no puede vivir sin Dios, (por más que ese sea el esfuerzo y el objetivo del Diablo desde el Edén). Aunque lamentablemente vemos que esa búsqueda no es hacia el Único que puede saciar la sed espiritual, sino que buscan en cisternas que no contienen agua (Jeremías 2:13).
Analizando nuestra “dieta espiritual”
Es el momento de pensar: ¿cuánto tiempo real de nuestro día dedicamos a las cosas espirituales? ¿Cuánto nos ocupamos del Espíritu Santo que está en nuestro corazón? Si tuviéramos que hacer un registro de “nuestra dieta espiritual”, ¿cuántos minutos anotaríamos? ¿Qué cosas hemos consumido? ¿De qué nos hemos alimentado durante toda la jornada? Seguramente, al llegar al final del día, nos avergonzaríamos al reconocer lo poco que nos ocupamos de estas cosas superiores. Esto provoca un vacío y una sensación acertada de estar dedicándonos a cosas que no perduran.
Como contraejemplo podemos observar que, aquellos que hemos tenido la posibilidad de participar de algún retiro espiritual o de los campamentos juveniles que se realizan cada año, al finalizar, deseamos permanecer allí y “hacer tres pabellones” para quedarnos en compañía de los hermanos y del Señor, disfrutando de Sus Cosas (Marcos 9:5). Eso es porque hemos pasado el tiempo ocupándonos de aquello que tiene “peso de gloria” (2 Corintios 4:17), aquello que alimenta y edifica verdaderamente. Además, en esos días de retiro, nos hemos separado del mundo, de las distracciones, de las malas compañías, de las redes sociales, etc.
Dios no quiere que nos apartemos completamente del mundo internándonos en un lugar sin trato con nadie (Juan 17.15), sino que desea que vivamos en este mundo siendo luz y sal (Mateo 5:13 a 16), para publicar el poder del Evangelio en las vidas de todos aquellos que se entregan a Su Obra transformadora.
Dice el versículo 1 del pasaje de Romanos 8 que, “…ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu.” Y para poder “ESTAR” en Cristo, debemos haber pasado de muerte a vida, habernos reconocido pecadores perdidos, y aceptar la Obra Salvadora de Cristo para nuestro bien eterno. Al aceptar a Cristo como Salvador, cambiamos de posición: de las tinieblas a Su Luz admirable. Al hacernos hijos de Dios, nos sella con Su Espíritu Santo y Él nos confirma Su presencia (Romanos 8:16). Pasamos a “estar en Cristo”. A partir de ese momento será fundamental mantener ese fuego del Espíritu. Ocuparnos de ese Santo Huésped que ahora habita en nosotros.
Cómo mantener “El Fuego del Espíritu”
Sabiendo con certeza que la Salvación no se pierde, ¿por qué dirá “No apaguéis el Espíritu”? Porque hace referencia a ese FUEGO transformador y santificador que es el Espíritu Santo. La exhortación a “no apagar” el Espíritu puede ser entendida fácilmente si pensamos en cuando prendemos fuego para cocinar algo asado: hay todo un proceso para que el fuego encienda…preparar la leña, poner el fuego inicial, esperar que prenda, cuidarlo, alimentarlo con leña seca, permitir que el oxígeno circule, etc. Si trasladamos este ejemplo a las cosas espirituales, salvando las distancias, veremos que el Espíritu Santo también hizo una gran obra en nuestros corazones, rodeándonos con paciencia y amor, redarguyéndonos de pecado, hablándonos con dulzura, para convencernos de nuestra maldad hasta que finalmente aceptamos Su Amor y se enciende la vida del Espíritu. Pero una vez encendida, debe mantenerse. Como pasa con el fuego material, del mismo modo debemos ver ¿qué estamos haciendo con ese Fuego Divino?
Si se prendió fuego, hay muestras de ello: hay calor, hay luz, hay humo, hay un olor especial. En lo espiritual ocurre algo similar. ¡Si Cristo está en tu corazón, se debe notar!!! Debe estar “el calor del Espíritu”; el fervor de Su Amor; el olor de vida; la santificación del Espíritu Santo. Como dice el verso 14, debemos empezar a ser guiados por el Espíritu de Dios, Él debe conducir nuestros pasos, debe mostrarnos Su Voluntad y nosotros debemos responder obedeciendo a Sus Santos deseos. Debemos leer Su Palabra; orar, clamar a Él diariamente (v. 15). Como hijos adoptados, debemos comunicarnos con nuestro nuevo Padre.
¡NO APAGUÉIS EL ESPÍRITU!!! Tanto nos gozamos cuando se “enciende la vida del Espíritu” en un alma y, luego de un tiempo, lo dejamos apagar. ¡Qué negligentes somos! Por eso esta breve frase nos exhorta a pensar: ¿cómo se paga un fuego? Por descuido, por falta de atención, por no “alimentarlo” con leña frecuentemente; por taparlo u ocultarlo. Al taparlo, lo ahogamos y le impedimos acrecentarse.
Contrariamente, si queremos avivarlo, ¿qué podemos hacer? Debemos orar, leer la Palabra diariamente, alimentando la nueva criatura, congregándonos, estando junto a hermanos que nos harán bien, meditando en Sus cosas, escuchando alabanzas… Dios dice que debemos mirar cómo andamos y cómo usamos el tiempo. Debemos redimirlo, aprovecharlo y usarlo bien, porque los días son malos (Efesios 5: 15 a 17).
Poco nos fijamos en cómo tratamos al Espíritu Santo. Lo hacemos enojar (Isaías 63:10); le mentimos (Hechos 5:3 y 4); le resistimos (Hechos 7: 51); lo entristecemos o contristamos (Efesios 4:30). Como dice el pasaje de Efesios 4, desde el verso 25 al 31, nuestras acciones lo suelen entristecer: tenemos enojos, iras, amarguras, torpes palabras, hurtamos, damos lugar al Diablo, etc.
Entonces… ¿Cómo vamos a vivir este verano? ¿Cómo viviremos estos meses de enero y febrero? ¿Atendiendo a lo espiritual? ¿O apagando Su llama?
“Y no os embriaguéis de vino, en lo cual hay disolución; mas sed llenos de Espíritu; Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.” (Efesios 5:18 y 19)
LA REDACCIÓN




