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“...Sed salvos de esta perversa generación.” (Hechos 2:40)

Foto del escritor: Iglesia Cristiana Evangelica TandilIglesia Cristiana Evangelica Tandil

Cuando los creyentes decimos que estamos viviendo el último tiempo, lo hacemos en referencia a las señales que nos indican que la Venida de Cristo está cerca. Sin embargo, a veces no somos conscientes de las sutiles maquinaciones de Satanás que se infiltran en nuestro entorno, incluso en aspectos que parecen lícitos pero que, en realidad, no convienen a los hijos de Dios.


Soy docente, estoy en contacto con niños y adolescentes, lo que me permite conocer en parte lo que ellos reciben en las instituciones educativas. Hace un tiempo salieron en las noticias que en los colegios estaban llegando materiales de lectura de contenido violento y sexual. Así fue, y puedo dar cuenta de que este material quiso entrar en mi lugar de trabajo.


Por gracia de Dios, allí donde trabajo me dieron la responsabilidad de recibir las capacitaciones sobre estos materiales y lineamientos, como así también ir a buscar en persona esta bibliografía. En un primer momento pensé ¿por qué Dios me permitía estar en contacto con estas cosas y tener que capacitarme?, ya que uno pensaría que como hija de Dios no sería muy bueno. Pero luego me di cuenta que Dios tenía un propósito con esto, y era que yo pudiera ser el filtro para que esos alumnos no recibieran dicha información, como así también conocer los peligros que rodean a nuestros niños.


Por supuesto que en ningún momento salté las normas correspondientes, y consultando a mis autoridades, di mi opinión como profesional y como creyente sosteniendo la idea de que no me parecía adecuado que estos libros llegaran en mano de nuestros estudiantes. Gracias a Dios mi voz fue oída, y se unieron a mi pensamiento. Gracias a Dios así fue que este material, al menos en mi comunidad escolar, no llegó a manos de los niños. Pero, ahora esto que cuento, luego de haberme turbado en mis pensamientos, me llevó a meditar junto a la Palabra de Dios y en oración sobre muchas cosas, ya que no solo soy docente, sino madre e instructora de niños en la Escuelita Bíblica, lo cual me llevó a pensar en estos niños y adolescentes que Dios puso delante de mí camino y me encomendó que los formase en los caminos de la fidelidad.


El Señor me llevó a meditar en la oración que hizo en San Juan 17 rogando por protección para sus discípulos y más adelante por nosotros (v.20) quienes estamos en un mundo lleno de maldad. Allí encontré el consuelo que necesitaba mi alma y la palabra justa para encontrar la respuesta de mi Padre a todas mis dudas y temores.

Leamos la porción de Su palabra en Juan 17 del versículo 1 al 17.


Estas cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre…” v.1


Lo primero que me conmovió fue pensar dónde tengo puestos mis ojos, si verdaderamente cada día me encomiendo a Dios en oración, encomiendo a mi familia y a los que Él me ha dado, como dice en los versículos 6 y 7:


He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me

los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me

diste, son de ti.


Vemos este mundo que nos rodea y podemos sentir miedo por la maldad multiplicada que reina en él, pero hay alguien con más poder que el príncipe de este mundo. Ese es Cristo, Quien venció la muerte y con ese mismo poder puede defendernos y protegernos de que el mal no entre a nuestros hogares y congregaciones. Me tomo de las palabras de mi Señor, y quiero hacer propia Su oración, rogando y diciendo:


Yo ruego por ellos:... Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu

nombre, para que sean una cosa, como también nosotros.” v.9 y 11

Y como también dice en el versículo 15:


No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.


Sabemos que Jesús es nuestro Maestro y ejemplo a seguir, y nosotros como Sus discípulos debemos imitarle. Por eso hoy debo procurar estar cada día mejor en mi relación con el Padre, en mi actuar y pensar, porque así me encontrará más limpia para Su pronta Venida.


Hoy me encuentro en una posición de gran responsabilidad, no solo como docente, sino también como madre. Mis acciones, palabras y decisiones son vistas por aquellos que están en formación. Mi vida debe ser un ejemplo de fidelidad a Dios, como nos enseña 1° Timoteo 4:12: “…Sé ejemplo de los fieles”. Mis padres y mayores lo han sido para conmigo, me enseñaron el amor a Dios, a Su Casa, a la oración, a la Biblia y a la compañía de mis hermanos, entre otras tantas cosas, que mostraron en su conducta como cristianos. ¿Estoy siendo un buen ejemplo para los niños y jóvenes que me rodean?


Escrito por una docente y madre cristiana.

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